• Sin categoría 30.08.2010

    El acoso laboral consiste en una forma de presión más o menos sutil encaminada a destruir al individuo.

    Las maniobras principales que se utilizan son:

    - limitar su comunicación: al individuo se le niega el derecho a expresarse o  a hacerse oir.

    -desprestigiar a la persona ante sus compañeros

    -desprestigiar y desacreditar su capacidad profesional y laboral, se le critican los más mínimos errores o defectos

    Al final este acoso acaba por destruir la salud, empiezan trastornos psicológicos: depresión etc.

    En estos casos comprender la situación, saber lo que está pasando es fundamental. Es frecuente que el acosado asigne inicialmente la condición de “algo he hecho mal” o cosas por el estilo. La profunda insatisfacción consigo mismo que experimenta ante la evidencia de no ser querido le lleva a intentar toda clase de explicaciones y renuncias, sin atreverse a reconocer que está siendo atacado y destruido por los mismos que deberían protegerle y potenciarle.

    Todo buen acosable tiene, en el fondo de su personalidad , un matiz depresivo y dependiente que le hace susceptible a las técnicas de seducción del acosador tipo.

    Desde el punto de vista laboral, se acompaña de absentismo, bajas prolongadas y cambios bruscos de entorno laboral. En otros casos se cronifica, incluso después de que termine la relación. Los individuos razonablemente normales con alto riesgo de ser víctimas de acoso presentan un curioso tipo de inocencia, que les hace ir por la vida como si todo el mundo estuviera a su favor y no hubiera nada que temer. Y acaban encontrando un acosador que haga verdad la predicción del proverbio chino: “Quien va vestido como una persona de alto rango en un carro pobre, invita a los ladrones”. Ir en carro pobre significa ir desguarnecido, sin tomar precauciones, lo cual es adecuado para quien no tiene nada que perder, pero inapropiado para quien transporta algo valioso. El acosador cae sobre el inocente con el entusiasmo con que un salteador de camiones se abalanza sobre una persona sin escolta.

    Por lo tanto la recomendación es no empezar a minusvalorarse y creerse lo peor del mundo, sino mantener la calma y pensar en cual es el desencadenamiento de la situación y actuar en consecuencia. Y recuerden la siguiente frase de Fracesco Alberoni: “Si alguien que tiene razones para alabarte no lo hace, te está atacando.

    Patricia @ Lunes, 30 de Agosto de 2010

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